Mima tu cuerpo
Tan sencillo como cerrar tus ojos, tomar un par de respiraciones profundas, y parar (a escucharte). Es “tan sencillo” que muchas veces como bien sabes no lo hacemos. Preguntarnos y escuchar ¿cómo estoy?, ¿qué necesito? Y dejar que el cuerpo nos hable… Permitiéndonos entonces todo aquello que nos pida. Los movimientos que le den bienestar: estirarnos, movilizar alguna zona de alguna manera específica, bostezar, respirar más pleno y profundo, acariciarnos, darnos un abrazo…
Escucha tu cuerpo y mímalo, incorpora esta rutina en tu cotidiano, para de vez en cuando, cierra los ojos, respira, escúchate…. Y después te lo das, lo que proporcione placer y bienestar.
Esto por supuesto que te ayudará a potenciar la conexión con tu cuerpo, porque tu cuerpo es tu vehículo, tu hogar. Y a tod@s nos gusta mucho más un hogar confortable y cuidado, tenemos más ganas de habitar un hogar en que podamos sentirnos cómodas y seguras. Tu cuerpo es un hogar maravilloso, mímalo y verás cómo te lo agradece profundamente.
